Estos días se está hablando de la vacuna necesaria para atajar y controlar la fuerza del coronavirus. Se habla de la vacuna de Oxford (RU), de Moderna (EEUU), de Sinovac (CH)… Están ahora en la fase 3 de elaboración y prueba en humanos esperando que, en breve tiempo, se puedan repartir sus dosis por las diversas naciones del mundo.
Aplaudimos este esfuerzo y deseamos que, cuanto antes, llegue hasta nosotros esta vacuna para contrarrestar las infecciones masivas y los conflictos sanitarios que ha creado entre los enfermos: problemas de pulmón, de corazón, de cerebro y dejando huellas, si la muerte no ha vencido, que aún nos sorprenden por lo inesperado y grave que supone todo esto para nuestro cuerpo y, por extensión, para toda la sociedad.
Pero hoy quiero desear para todos “la otra vacuna” … la que tiene que sanar los virus del alma. Virus que no son menos dañinos y que sufren, no podemos saberlo bien, miles de ciudadanos españoles: el virus de la desesperanza (3.679 suicidios y 8.000 intentos en un año), el virus de la cultura de la muerte (95.917 abortos en un año y, por si fuera poco, el proyecto de ley de la eutanasia), el virus del desamor (96.824 divorcios en 2016). Añadamos otros virus imposibles de contabilizar: el de la soledad, la tristeza, la pobreza, la falta de fe, la indiferencia, el consumismo, el individualismo…
Esta “otra vacuna”, sin ninguna publicidad en los medios, está al alcance de todos y es gratuita. Está muy bien experimentada, es segura y no tiene contraindicaciones. Se ofrece en tres dosis complementarias:
1 – La escucha de la PALABRA DE DIOS
Jesús nos enseñó que el hombre inteligente es el que construye su casa sobre roca, y que el hombre necio la construye sobre arena. La roca es la Palabra de Dios. En otra ocasión, con palabras rotundas, dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.
Pero hay más. Escuchar la Palabra de Jesús fue el consejo de su Padre, con voz sonora, en el monte Tabor: “Este es mi Hijo, escuchadle”. Escuchar la Palabra de Jesús fue el consejo de María, cuando faltó el vino, en la boda de Caná: “Haced lo que él os diga”.
2 – El cumplimiento de la LEY NATURAL
Tomás de Aquino dice que la ley natural “no es otra cosa que la luz de la inteligencia infundida en nosotros por Dios. Gracias a ella conocemos lo que se debe hacer y lo que se debe evitar. Esta luz o esta ley de Dios la ha donado a la creación”.
“La ley natural subsiste, dice el Catecismo, bajo el flujo de ideas y costumbres y sostiene su progreso… Incluso cuando se llega a renegar de sus principios, no se la puede destruir ni arrancar del corazón humano. Resurge siempre en la vida de individuos y sociedades”. La ley natural se resume en los diez mandamientos.
3 – La esperanza en la VIDA ETERNA
Jesús frecuentemente hace referencia a la vida eterna en sus enseñanzas: “El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás". "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día". “En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna”. “En verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella) en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivirán”. Esta vida terrena es de paso; la definitiva es la otra.
La “otra vacuna” está a nuestra disposición y está recomendada tanto para niños como para ancianos, adultos o jóvenes; tanto sanos como enfermos. ¡Vacunémonos!
Tomado de: www.semillacristiana.com
Autor: Florentino Gutiérrez
Fecha: 12 de septiembre de 2020

