Monseñor Rueda Aparicio, afirmó que “Dios rechaza el pecado que hay en nosotros, que hay en nuestra familia, que hay en el ambiente, en nuestra vida. Él rechaza el mal que hay en cada uno de nosotros, pero no nos rechaza a nosotros. Él quiere que el pecador se convierta y viva”.
Sin embargo, afirmó que, en este camino hacia la santidad, la paciencia es algo que muchas veces nos falta: “el Señor sabe que hay un momento especial, que hay que esperar, a veces somos impacientes, inmediatistas, queremos todo ya; queremos que ya la sociedad sea perfecta, (…) algunos poderes autoritarios han querido acabar con el mal completamente y en esa pretensión han hecho sufrir la humanidad: esa no es la manera de actuar de Dios. Dios es clemente, paciente, misericordioso”.
Así mismo, el arzobispo insistió en que el anuncio del Evangelio el día de hoy nos lleva a contemplar el Reino de Dios que está dentro de nosotros, esa semilla del Reino está obrando en nosotros, no podemos ser impacientes, pues llegará el tiempo de la madurez, de la cosecha, de recoger el fruto. Manifestó que a veces pensamos que quien ha logrado un alto nivel de cercanía con Dios, no ha pasado pruebas, pero esto no es así, pues “en la vida de un santo hay un pasado marcado y herido por el pecado, pero Dios esperó y esa persona también supo esperó, recibió la semilla del Reino, la cultivó y la hizo crecer en su vida y dio buen fruto”.
Finalmente, nuestro arzobispo de Bogotá invitó a orar constantemente y a vivir en la esperanza confiando siempre en la misericordia de Dios”. Al finalizar la Eucaristía, Monseñor, como todos los domingos, realizó la consagración de las familias a la Virgen María e invitó para que el próximo 20 de julio todos realicemos una oración en nuestros hogares por Colombia.
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