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26-mar.-2026, jueves de la 5.ª semana de Cuaresma

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cuando el corazón está cerrado, este corazón cierra la mente, y cuando corazón y mente están cerrados no hay sitio para Dios...

Alegremente proclamamos las grandezas de tu amor y te damos gracias por este camino que hoy iniciamos y que esperamos poder recorrer en tu compañía y bajo la protección de Nuestra Señora, la Virgencita. 

Señor, perdona las veces en que sentimos que los días en nuestras vidas parecen monótonos y grises y nos impacientamos con nosotros mismos. Nos cuesta trabajo entender que tú estás presente entre nosotros. Danos una fe confiada de que estás aquí para nosotros y con nosotros, para darnos esperanza en tu promesa. Ayúdanos a ser conscientes, de que tú estás fuertemente unido a nosotros y que compartes nuestro destino. Danos tu Espíritu que nos ayude a comprender que somos parte de una alianza que El Padre Celestial ha sellado eternamente y en la que nos mantenemos por nuestro servicio, entrega y amor en fidelidad, en humildad y sencillez. Gracias, Señor, por todos los dones que nos concederás en este jueves y que sabemos que los multiplicarás ya que los compartiremos con los que necesiten. Amén.

Palabra del Papa

El error fue pensar que todo se resolvía con observar los mandamientos, pero estos no son una ley fría, porque nacen de una relación de amor y son ‘indicaciones’ que nos ayudan a no equivocarnos en nuestro camino para encontrar a Jesús. Así, los fariseos cierran el corazón y la mente a cualquier novedad, no entienden el camino de la esperanza. Es el drama del corazón cerrado, el drama de la mente cerrada y cuando el corazón está cerrado, este corazón cierra la mente, y cuando corazón y mente están cerrados no hay sitio para Dios, sino solamente para lo que nosotros creemos que se debe hacer. Sin embargo, los mandamientos llevan una promesa y los profetas despiertan esta promesa. Los que tienen corazón y mente cerrados no consiguen acoger el mensaje de novedad llevado por Jesús, que es el que había sido prometido por la fidelidad de Dios y de los profetas. Pero ellos no entienden… ‘Yo pienso así, esto debe ser así y nada más’. (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 10 de abril de 2014, en Santa Marta).

ORACIÓN 

Dios mío, hoy necesito que me ayudes a profundizar en ese misterio inefable que hay entre Tú y tu Padre. Es un misterio de gozo, de amor, de libertad, de vida. Te agradezco que nos hayas dado a Jesús como regalo. El más bonito de todos. Sus experiencias personales Él también nos las ha dado para que las convirtamos en experiencias nuestras. ¡Qué bueno has sido dándonos a Jesús! Gracias, Dios mío.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-26-de-marzo-de-2026

¿Qué pretendes ser tú? Tú ¿por quién te tienes? Esta pregunta lanzada a Jesús proviene de la ignorancia, del desconocimiento que tenían aquellos judíos de Jesús como hijo de Dios. Notemos que Jesús dice: «Yo soy». Nosotros sólo usamos el verbo tener, que indica relatividad. Decimos: “yo tengo belleza”. Sí, pero relativa. Si la mujer más bella si tiene un accidente que le estropea la piel, aparecerá con el rostro como un monstruo. Decimos: “tengo salud”. Sí, pero relativa. Cualquier día puedo hacerme presente en un centro médico con alguna enfermedad grave. Decimos: “Tengo vida”. Sí, pero relativa. ¿Quién me puede asegurar que voy a vivir mañana? Sólo Jesús, por ser Dios, conjuga el verbo ser. «YO SOY». “Yo no puedo dejar de ser. Yo llevo la vida en plenitud dentro de mí”. Jesús no pretende otra cosa sino ser lo que es.

Sucede algo peor cuando nos lanzan esta pregunta a nosotros. Tú, hombre, y, por tanto, limitado y finito. Tú, mujer, igualmente limitada, ¿qué te has creído que eres? Todo lo que tienes, lo tienes de otro, nada es tuyo. Debemos aprender a ser humildes. Y poner nuestra confianza en Jesús que nos enriquece con toda clase de bienes. En Él podemos eternizar las experiencias más bonitas de la vida, esas que, por vivirlas en este mundo caduco y limitado, no las podemos disfrutar en plenitud.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.