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16-jun.-2026, martes de la 11.ª semana del T. O.

De la mañana que nace, hasta la tarde que caerá, te bendeciremos y te daremos gracias.

De la mañana que nace, hasta la tarde que caerá, te bendeciremos y te daremos gracias. Concluyes  parte de tu  Sermón de la Montaña con las palabras “Sean perfectos, como El Padre del cielo es perfecto”. ¡Meta no fácil de conseguir! Pero debemos salir de nosotros mismos para amar a todos y cada uno de nuestros hermanos, incluidos también nuestros enemigos. Hemos de imitar al Padre  en su amor, que manda al sol alumbrar  a buenos y a malos. Señor, nos has mostrado tu ternura y nos has aceptado pecadores como somos, como tus hijos. 
Comparte tu corazón con nosotros, haznos misericordiosos y comprensivos, que aprendamos a acoger a todos sin condiciones ni reservas, y a olvidar y perdonar todas las ofensas, de forma que lleguemos a asemejarnos cada vez más a ti.
Nuestros corazones sean llenos de tus mismos sentimientos y podamos sentir al caer de la tarde, que hemos podido realizar la voluntad del Padre, porque hemos amado y perdonado de corazón y hemos amado sincera y generosamente. Concédenos este dia un espíritu de alegría y felicidad. Un muy feliz y esperanzador martes de bendiciones y felicidad. Amén.

Palabra del Papa

“Jesús nos dice dos cosas: primero, mirar al Padre. Nuestro Padre es Dios: hace salir el sol sobre malos y buenos; hace llover sobre justos e injustos. Su amor es para todos. Y Jesús concluye con este consejo: “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial”. Por lo tanto, la indicación de Jesús consiste en imitar al Padre en la perfección del amor. Él perdona a sus enemigos. Hace todo por perdonarles. Pensemos en la ternura con la que Jesús recibe a Judas en el huerto de los Olivos, cuando entre los discípulos se pensaba en la venganza. Jesús nos pide amar a los enemigos. ¿Cómo se puede hacer? Jesús nos dice: rezad, rezad por vuestros enemigos. La oración hace milagros; y esto vale no sólo cuando tenemos enemigos; sino también cuando percibimos alguna antipatía, alguna pequeña enemistad”. (Cf Homilía de S.S. Por Francisco, 21 de junio de 2013, en Santa Marta).

ORACIÓN 

Padre;  Perdón por mis pecados.
Me acerco a ti con absoluta confianza porque sé que tú prefieres la penitencia a la muerte del pecador.  A ti no te gusta ni la venganza ni el rencor, tu corazón es compasivo y misericordioso, y sé que sólo estás esperando a que tenga la humildad de reconocer mi pecado, arrepentirme y pedir perdón para desbordar la abundancia de tu misericordia.
Padre, perdóname, quiero recibir el abrazo eterno.
Tu enseñanza es muy clara: para ser perdonados y poder entrar en el Reino de los cielos debemos tener un Corazón como el tuyo.

Reflexión

En este evangelio el Señor nos manda “hacer lo posible y pedir lo imposible”. Lo posible es aceptar nuestros comportamientos. Y, dentro de ellos, está el no hacer daño a nadie, aunque sea nuestro enemigo; y el ayudarle si se encuentra en una situación límite y necesita nuestro apoyo. Pero no está en nosotros controlar nuestros sentimientos. Por eso es imposible el amar a nuestros enemigos. Si un día resulta que nos sale del corazón el quererlos es por puro don, por puro regalo tuyo. Y la oración llega hasta eso. Y es entonces cuando se nos concede la gracia de imitar a nuestro Padre Dios que manda el sol y la lluvia para todos. No puede haber satisfacción mayor que la de ver marcadas en nuestros rostros “las huellas del Padre”. El rostro de nuestro Padre Dios rezuma bondad, paz, ternura, serenidad, confianza. Con sólo mirarle nos hace buenos. Ojalá que, al tener en nosotros sus huellas, la gente se sienta incentivada a ser buena. El cristiano es un creador de vida. Donde hay odio, pone amor y donde hay discordia, paz. Sabemos que en Cristo Resucitado el hombre ha sido creado “creador”.
Dame un corazón que ame y entenderá lo que digo.
Preséntame un corazón inflamado en deseos, un corazón hambriento, un corazón que, sintiéndose solo y desterrado en este mundo, esté sediento y suspire por las fuentes de la patria eterna, preséntame un tal corazón y entenderá lo que digo. Si, por el contrario, hablo a un corazón frío éste nada sabe, nada comprende de lo que estoy diciendo. (S. Agustín Trat.del evangelio de Juan 26)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.