De la mañana que nace, hasta la tarde que caerá, te bendeciremos y te daremos gracias. Concluyes parte de tu Sermón de la Montaña con las palabras “Sean perfectos, como El Padre del cielo es perfecto”. ¡Meta no fácil de conseguir! Pero debemos salir de nosotros mismos para amar a todos y cada uno de nuestros hermanos, incluidos también nuestros enemigos. Hemos de imitar al Padre en su amor, que manda al sol alumbrar a buenos y a malos. Señor, nos has mostrado tu ternura y nos has aceptado pecadores como somos, como tus hijos.
Comparte tu corazón con nosotros, haznos misericordiosos y comprensivos, que aprendamos a acoger a todos sin condiciones ni reservas, y a olvidar y perdonar todas las ofensas, de forma que lleguemos a asemejarnos cada vez más a ti.
Nuestros corazones sean llenos de tus mismos sentimientos y podamos sentir al caer de la tarde, que hemos podido realizar la voluntad del Padre, porque hemos amado y perdonado de corazón y hemos amado sincera y generosamente. Concédenos este dia un espíritu de alegría y felicidad. Un muy feliz y esperanzador martes de bendiciones y felicidad. Amén.
Palabra del Papa
“Jesús nos dice dos cosas: primero, mirar al Padre. Nuestro Padre es Dios: hace salir el sol sobre malos y buenos; hace llover sobre justos e injustos. Su amor es para todos. Y Jesús concluye con este consejo: “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial”. Por lo tanto, la indicación de Jesús consiste en imitar al Padre en la perfección del amor. Él perdona a sus enemigos. Hace todo por perdonarles. Pensemos en la ternura con la que Jesús recibe a Judas en el huerto de los Olivos, cuando entre los discípulos se pensaba en la venganza. Jesús nos pide amar a los enemigos. ¿Cómo se puede hacer? Jesús nos dice: rezad, rezad por vuestros enemigos. La oración hace milagros; y esto vale no sólo cuando tenemos enemigos; sino también cuando percibimos alguna antipatía, alguna pequeña enemistad”. (Cf Homilía de S.S. Por Francisco, 21 de junio de 2013, en Santa Marta).
